Las Huaringas

Laguna Negra Las Lagunas Huaringas representan el centro místico esotérico más importante del Norte peruano: son un grupo de lagos esparcidos entre las cumbres de la Cordillera de Huamaní, a cuyas orillas acuden los maestros curanderos para establecer “compactos” con los espíritus tutelares del lugar, renovar energías, deshacer hechizos y tratar enfermedades del cuerpo y del alma.

La principal de ellas, corazón y santuario del curanderismo norteño, es la que le da el nombre al conjunto: La Laguna Negra o Laguna Huaringa, cuyo nombre significa literalmente, en quechua, “Antiguo Señor Poderoso”. El término Huari o Wari significa “pudiente” “antiguo”, “salvaje”, y se refiere al poder primordial y sagrado propio del tiempo mítico de los dioses y los héroes culturales, tales como Wiracocha, Manco Cápac o Llampallec. El término Inca, en este contexto, significa “señor” en el doble sentido de “soberano” y “mago”, que es como la tradición andina describe a estos personajes. La Laguna Negra, de la cual se originan las aguas del río Quiroz, se ubica a 3567 metros de altitud, en una depresión al pie del Cerro Negro, cuya cumbre de 3950 m.s.n.m. es la más alta de la Región. El cerro es el “Apu”, el señor, el elemento masculino, así como la laguna, la “Cocha”, es el elemento femenino: se da así el equilibrio de los opuestos, la dualidad con la que se manifiesta en la Creación - en “este mundo” - el poder del Uno, del Eterno.

Laguna Shimbe De gran importancia y renombre es también la Laguna Shimbe o Laguna Blanca, la más extensa entre las Huaringas, cuyo nombre según el antropólogo Mario Polia deviene del quechua chimpu, que significa “cinturón” o “faja”, y haría alusión a la forma alargada y serpenteante de este lago, ubicado a 3,236 metros de altitud, y de cuyas aguas se origina el río Huancabamba. Para la antigua sabiduría andina, el poder de las lagunas sagradas estaba encerrado en el Mamayacu, término que literalmente quiere decir “madre de las Aguas” o “madre agua” y se identifica en el Amaru, la serpiente mítica que representa la virtud fecundante, terapéutica y purificadora del elemento líquido.

Desde la ciudad de Huancabamba, se llega en dos horas o más, dependiendo del medio de transporte, al pintoresco pueblo de Salalá, ubicado exactamente a 3000 m.s.n.m., paso obligado para casi todas las Huaringas, donde es posible alquilar no solamente acémilas, sino también ponchos, botas de jebe y otros artículos de utilidad. Pasado el pueblito de Huarhuar, unos 20 minutos más arriba de Salalá, un letrero señala el desvío: hacia la izquierda para la Laguna Negra, hacia la derecha para la Shimbe. A la mayor de las Huaringas se llega en un par de horas bien caminadas, algo menos a lomo de bestia. El camino es incómodo por la existencia de camellones, casi siempre llenos de agua, que dificultan el paso y hacen sufrir los animales, pero la belleza del paisaje compensa el esfuerzo, sobre todo al divisar la majestuosa laguna que serpentea entre los cerros: si se tiene la suerte de gozar de un día soleado, se comprende porque antiguamente la Shimbe era llamada Siviricuche, derivación del quechua Siwairucocha, o “Laguna de Turquesa”.

El camino para la Laguna Negra es más largo, pero en mejores condiciones que el de la Shimbe. El viaje de ida es de tedioso ascenso, por suerte una carretera en buenas condiciones permite avanzar en carro hasta los 3700 metros de altura; desde el punto en donde se dejan los vehículos, hay que seguir por unos 40 minutos en medio de un pajonal azotado por vientos helados y, a menudo, ráfagas de granizo, desde donde se divisa la oscura y severa mole del Cerro Negro y, a la mano izquierda, la espectacular visión de los Andes de Ayabaca.

Arrebiatadas Hermosa y magnética, la Laguna del Rey representa probablemente la más remota y misteriosa de las Huaringas, y su prestigio compite a la par con el de la Laguna Negra y de la Shimbe. Parte integrante de la geografía sagrada de los Andes norteños, se considera que los Incas Túpac Yupanqui y Huayna Cápac llegaron expresamente para bañarse en sus aguas heladas, fuente de salud y poder para quienes tienen fe en ellas, lo cual nos proporcionaría la explicación del origen de su nombre. Está ubicada a 3626 metros de altura, al norte de la Shimbe, en el límite entre las provincias de Ayabaca y Huancabamba: se llega en 6 horas de camino desde el caserío de El Porvenir, o en 3 horas de caballo desde el caserío de La Coipa. La última media hora del recorrido se hace caminando, y hay que tener cuidado al superar un par de pasajes de moderada dificultad, pues se avanza casi agarrándose de las peñas. Se recomienda visitar la Laguna del Rey entre octubre y diciembre, puesto que en otras épocas del año lluvias intensas o violentas ráfagas de viento dificultan el ascenso e incluso pueden poner en peligro al visitante.

Las Huaringas Muchos otros lagos integran el sistema de las Huaringas. Entre los principales mencionamos: Las Siete Arrebiatadas (“inquietadas”), Las Palanganas (“orgullosas”), La Laguna del Toro, La Laguna de las Estrellas, La Laguna de los Patos, La Laguna del Oro, La Laguna de la Plata, La Laguna de la Serpiente, La Laguna del Amor, La Laguna de la Princesa. Todas ellas son meta constante de curanderos que a sus orillas acuden, acompañados por numerosos pacientes, para donar ofrendas y celebrar rituales con las más distintas finalidades.

Curanderos


Son operadores esotéricos carismáticos que conocen y manipulan los encantos de la Cordillera y los secretos de la medicina natural, pudiendo manejar tanto el poder de las plantas alucinógenas, como los rituales y prácticas mágicas y las técnicas de sanación basadas en las hierbas medicinales. Es por esto que el curandero es llamado también “adivino” o “cirujano”, mientras que el malero, el maestro que practica la magia negra, es conocido en cambio como “hechicero”, “brujo”, “espiritista” o “ganadero”. Ambos son conocedores del universo mítico ancestral de la tradición andina prehispánica, pero el primero utiliza sus poderes dedicándose a sanar, proteger y, a menudo, deshacer los maleficios producido por el segundo: de allí la gran importancia socio-cultural de ambas figuras para las comunidades campesinas de la sierra, no menos que para miles de clientes que todos los años acuden desde las ciudades de la costa, y a veces desde el extranjero, solicitando los servicios de algún maestro huancabambino.

Curanderos Tradicionalmente, un maestro curandero transmite sus conocimientos al hijo mayor, o a algún otro familiar suyo, o tal vez a uno de sus auxiliares; pero existe también una transmisión “directa”, en la que es el propio cactus alucinógeno San Pedro (es decir, el “espíritu” contenido en la planta, el mismo que nuestra cultura denomina su “principio activo”) quien enseña el arte a la persona por él “escogida”. Otras veces, la persona obtiene una visión o sueño profético, que le revela su vocación. Después de la iniciación es necesario de todas maneras un largo aprendizaje, que puede llevar muchos años. Aún así, lo que califica al verdadero maestro no es tanto el conocimiento de tallado de las propiedades de las hierbas medicinales y de las prácticas rituales y terapéuticas, sino el carisma de la “vista”, o “virtud”, que le permite alcanzar la visión profética: si una persona no “ve”, no posee la “virtud”, aunque tome San Pedro u otros alucinógenos, no es un maestro curandero.

Cada curandero posee un ajuar mágico conformado por varios objetos utilizados durante los rituales que representan, en la teoría mágica ancestral, los soportes visibles de espíritus o fuerzas sobrenaturales que el maestro aprende a manejar y con las cuales mantiene una relación muy personal, constantemente alimentada por ofrendas y ritos propiciatorios. El conjunto de estos objetos de poder (varas mágicas, espadas, conchas o artes, piedras y cristales, “huacos” u objetos que pertenecieron a los antepasados, entre otros) es llamado mesa. La disposición de la mesa no es casual, sino que refleja una precisa simbología.

Mesada La mesada es la sesión mágica que el maestro y sus asistentes ofician en beneficio de clientes y consultantes. Tiene lugar de preferencia los días martes y viernes, y se compone de dos partes: una ceremonia diurna a orillas de una de las Huaringas, en la que el maestro “cita” a los encantos y realiza los“pagos” u ofrendas prescritas, antes del baño ritual de sus pacientes en las aguas de la laguna, y una ceremonia nocturna en la casa del maestro. Éste inicia invocando la bendición divina y “citando” nuevamente los encantos; sigue la singada con tabaco (primero por la fosa nasal izquierda y luego por la derecha) y la botada, en la que se arrojan los males, incluso vomitando. Luego se toma ritualmente el San Pedro y, después de un tiempo de espera, en el que todas las luces son apagadas, el maestro llama a un costado a cada uno de sus pacientes para comunicarle el responso correspondiente y establecer el diagnóstico. Luego se procede a la limpia o limpiada, cuando el curandero y sus ayudantes liberan al paciente de toda negatividad, y finalmente se realiza el florecimiento: empleando tabaco, perfumes e invocaciones se propicia la fortuna de los participantes. La mesada termina al rayar el día bebiendo el arranque: un brebaje hecho con agua, maíz blanco, azúcar blanca y pétalos de rosas blancas, que se toma para cortar el efecto alucinógeno del San Pedro.

Duele tener que decirlo, pero los turistas y demás personas interesadas en tomar contacto con algún curandero deberán tener mucho cuidado al fin de evitar estafas y otras desagradables situaciones. Lamentablemente, en estos últimos años el gran número de pacientes y por lo tanto de dinero que afluyen a Huancabamba han convertido esta práctica ancestral en un negocio altamente rentable, con el resultado de corromper a las personas de menor integridad moral. Sucede por lo tanto que el arte curanderil dejó en algunos casos de ser una vocación y un servicio a la comunidad, representada por figuras respetadas y casi legendarias como Francisco Guarnizo, Marino Aponte, Concepción Guerrero, Adrián Melendres, Sebastián Camisán, Nestor Herrera y otros; hoy en día brotan “maestros” por doquier, de dudosas virtudes pero, eso sí, capaces de exigir sumas absolutamente injustificadas. Quienes lleguen por primera vez a Huancabamba harán bien en contactar la Oficina de Turismo ubicada en el Terminal Terrestre para una primera orientación: allí tienen un registro de los curanderos y podrán brindar informaciones y recomendaciones útiles. Pero, al final, serán nuestra propia sensibilidad y capacidad de juicio las que nos permitirán distinguir entre farsantes y personas genuinas.

 

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